El polígono de tiro de las Bardenas Reales: una zona restringida con siglos de escrituras
Un campo de tiro aéreo dentro de una Reserva de la Biosfera, sobre tierra comunal de origen medieval, con el espacio aéreo restringido publicado y coordenadas para quien quiera mirarlas.
Las Bardenas Reales son un semidesierto de unas 42.000 hectáreas en el sureste de Navarra, Parque Natural desde 1999 y Reserva de la Biosfera desde 2000, cuya propiedad comunal corresponde a una veintena de entidades congozantes con derechos de origen medieval. Desde comienzos de los años cincuenta funciona allí un polígono de tiro aéreo, establecido por acuerdo con esa comunidad y utilizado por el Ejército del Aire y por fuerzas aliadas. El espacio aéreo sobre la zona está restringido y publicado. Su actividad nocturna explica buena parte de los avistamientos denunciados en la comarca.
Resumen ejecutivo del expediente. Todo lo esencial antes de profundizar.
Ficha técnica
OSINT - Trazabilidad
Hay paisajes que suenan a campo y hay paisajes que suenan a parte. Las Bardenas Reales suenan a las dos cosas a la vez, según la hora. De madrugada, en septiembre, huele a tomillo seco y a polvo, se oyen las esquilas de un rebaño que baja desde el Pirineo y el viento hace en las cárcavas un ruido de papel arrugado. Y a media mañana, algunos días, ese mismo silencio lo rompe un caza a doscientos metros del suelo soltando un cohete de práctica contra una diana pintada en la tierra.
Estamos en el sureste de Navarra, en un semidesierto de arcillas y yesos de unas cuarenta y dos mil hectáreas, erosionado hasta parecer otro planeta. Es Parque Natural desde 1999 y Reserva de la Biosfera desde 2000. Y dentro de ese perímetro protegido, desde comienzos de los años cincuenta, funciona un polígono de tiro aéreo del Ejército del Aire español, utilizado también por fuerzas aliadas.
Aquí no vengo a probar nada, vengo a ordenar el humo para que se vea de dónde sale la llama. Y este es uno de los pocos expedientes de la casa donde la zona restringida no hay que deducirla: está publicada, tiene coordenadas, tiene horario y tiene expediente administrativo. Lo cual, curiosamente, no ha impedido que se le atribuya de todo.
Lo verificable, primero: de quién es esto
Antes que nada, la titularidad, porque es lo más raro y lo más bonito del expediente. Las Bardenas no son del Estado ni de la comunidad foral: pertenecen en aprovechamiento comunal a una veintena de entidades congozantes —municipios de la ribera y de la zona media, dos valles pirenaicos y un monasterio— cuyos derechos vienen de la Edad Media y se han mantenido, con sus pleitos y sus ordenanzas, hasta hoy.
Eso significa que cada septiembre, cuando bajan los rebaños desde los valles del norte a invernar en la Bardena, se está ejecutando un derecho de pastos con siglos de antigüedad. Y significa también que la instalación militar no se implantó sobre terreno público sin más: se implantó mediante un acuerdo con esa comunidad propietaria, a cambio de una contraprestación, y ese acuerdo se ha ido renovando periódicamente entre discusiones considerables.
Ahí está el segundo hecho verificable, que es político y lleva décadas en marcha. La existencia del polígono ha generado en Navarra una oposición social organizada, con manifestaciones anuales, con acciones de entrada en el recinto, con procedimientos judiciales y con pronunciamientos del propio Parlamento de Navarra pidiendo su cierre. No es un rumor de foro: es un conflicto público, documentado en actas parlamentarias y en prensa, sobre si una zona de tiro cabe dentro de una reserva de la biosfera.
Y el tercero: el espacio aéreo sobre la zona está restringido, y esa restricción figura en la publicación de información aeronáutica española, con sus coordenadas, sus límites verticales y sus condiciones de activación. Cualquiera puede consultarla. No es un secreto: es un anexo.
Lo que se ve desde fuera
Un polígono de tiro aéreo en activo produce, de noche y de madrugada, un repertorio visual que en una comarca despoblada resulta desconcertante. Bengalas de iluminación que quedan colgadas del cielo durante un minuto largo y descienden despacio. Bengalas de contramedida, que salen de un avión en ráfaga y se apagan escalonadamente. Trazadoras. Destellos en el suelo. Y aeronaves volando muy bajo, con las luces de navegación apagadas o reducidas, que se oyen después de haber pasado.
A eso hay que añadir la geografía. Desde muchos puntos de la ribera navarra y aragonesa se ve un horizonte enorme y limpio, sin apenas contaminación lumínica. Un observador a treinta kilómetros no tiene ninguna referencia para juzgar tamaño ni distancia: ve un objeto luminoso que se detiene en el aire, cambia de intensidad y desaparece. Es la descripción canónica de un avistamiento, y la produce un ejercicio programado.
Conviene decirlo con claridad porque no es un desprecio a los testigos, sino lo contrario: la gente que denuncia esto está viendo algo real y está describiéndolo con honradez. Lo que falta no es credibilidad. Lo que falta es el dato de que aquella noche había ejercicio.
El derecho de pastos
Se consolidan los aprovechamientos comunales que hoy sostienen la comunidad de entidades congozantes propietaria del territorio.
Llega el polígono
Se establece el campo de tiro aéreo mediante acuerdo con la comunidad propietaria, a cambio de una contraprestación económica.
La oposición
Se organiza un movimiento social continuado contra la instalación, con manifestaciones anuales, pleitos y pronunciamientos parlamentarios pidiendo el cierre.
Parque Natural
El conjunto de las Bardenas recibe la declaración de Parque Natural.
Reserva de la Biosfera
La UNESCO incorpora el territorio a la red mundial de reservas de la biosfera, con el polígono dentro.
Por qué esto no es un Área 51 español
Porque está publicado
La diferencia esencial con el emplazamiento de Nevada no es de tamaño ni de importancia: es de régimen jurídico. En España, una zona de espacio aéreo restringido se establece mediante un acto administrativo que hay que publicar, y su descripción entra en la publicación de información aeronáutica precisamente para que los pilotos civiles sepan por dónde no volar. Un aeropuerto no puede tener zonas secretas: sería peligroso.
Porque hay propietarios que preguntan
Y porque el terreno tiene dueños con derechos y con abogados. Una comunidad de entidades congozantes que lleva siglos defendiendo sus pastos ante los tribunales no es un vecino cómodo para una instalación opaca. Cada renovación del acuerdo ha implicado negociación, cifras y publicidad. Es difícil imaginar un modelo de secreto que sobreviva a eso.
Lo que sí se puede criticar
Nada de lo anterior significa que el asunto esté bien resuelto. Que un campo de tiro funcione dentro de una reserva de la biosfera es una contradicción que el propio Parlamento navarro ha señalado, y el debate sobre el impacto ambiental, sobre el ruido y sobre la munición sin detonar es legítimo y está abierto. Este expediente no defiende el polígono: sostiene que su discusión es pública y que ahí no hay nada oculto.
Por qué este caso no se muere
Porque no hay manera de que un vecino de la ribera sepa, a las tres de la madrugada, si esa noche hay ejercicio. Las activaciones se publican por los cauces aeronáuticos, que es donde tienen que estar, y no por los cauces por los que se entera la gente que vive debajo. El resultado es un desfase permanente entre una información que es pública y una población que no la recibe.
Y porque el paisaje ayuda. Las Bardenas son, visualmente, el sitio más marciano de la península ibérica: cárcavas, cabezos, un cono de arcilla que parece una escultura y kilómetros sin una farola. Rodar allí una película de ciencia ficción es tan sencillo que se ha hecho varias veces. A un terreno así se le perdona cualquier historia.
La lección práctica es la de siempre en esta casa, y sirve para toda España: antes de dar por anómalo un avistamiento en una comarca con instalación militar, hay que ir a mirar si el espacio aéreo estaba activado. Ese dato existe, es público y casi nunca se consulta. Está explicado en el expediente sobre cómo se declara el espacio aéreo restringido en España.
El calendario manda, y también en esto
Hay un detalle que a mí me parece el más elocuente del expediente y que casi nunca se cuenta, porque exige conocer el terreno y no solo el mapa: en las Bardenas conviven dos calendarios que se ignoran el uno al otro.
El primero es el de siempre. A mediados de septiembre, por la Sanmiguelada, los rebaños bajan desde los valles pirenaicos a invernar en la Bardena, y allí se quedan hasta la primavera. Es un movimiento de decenas de miles de cabezas, con pastores, con corrales de piedra levantados hace generaciones y con un régimen de aprovechamiento que se ordena por escrito desde hace siglos. No es folclore: es una explotación ganadera en activo dentro del mismo perímetro.
El segundo es el de los ejercicios, que se planifica con criterios operativos y se comunica por los cauces aeronáuticos. Los dos calendarios se cruzan sobre el mismo suelo y prácticamente no se hablan entre sí. El pastor no consulta los avisos a los navegantes aéreos y el planificador no consulta las ordenanzas de pastos.
De ese desencuentro salen dos cosas. La primera, el conflicto ambiental y social que lleva décadas abierto y que es la parte seria del asunto: munición, ruido, restricciones de paso y una discusión perfectamente legítima sobre qué cabe dentro de una reserva de la biosfera.
Y la segunda, la que nos ocupa: una comarca entera que ve cosas en el cielo y no tiene ningún canal por el que enterarse de qué eran. Las denuncias de avistamientos en la ribera navarra y en el bajo Aragón no salen de gente crédula. Salen de gente que trabaja de noche al aire libre, que conoce su cielo mucho mejor que cualquier urbanita, y que ve exactamente lo que dice ver. Lo que no tiene es el dato de qué había programado.
Y ahí hay una propuesta razonable que este archivo suscribe: publicar la activación de la zona en un formato que llegue a los ayuntamientos congozantes, y no solo a la información aeronáutica. No costaría nada, no compromete ninguna operación y resolvería de un plumazo una parte considerable de la casuística de toda una comarca.
El pasivo que se queda en el suelo
Y queda un asunto del que se habla poco y que es, a mi juicio, el más serio de todos: lo que un campo de tiro deja enterrado.
En cualquier polígono de estas características, una fracción de la munición empleada no detona como debe. Bombas de ejercicio, cohetes, proyectiles: una parte se queda en el terreno, a veces en superficie y a veces enterrada por el propio impacto y por décadas de arrastre de arcillas. Es un problema conocido, documentado en todos los campos de tiro del mundo y que obliga a mantener acotadas zonas concretas incluso cuando no hay actividad.
Eso tiene dos consecuencias prácticas que conviene tener presentes. La primera, de seguridad: hay áreas del paraje por las que no se puede circular libremente aunque el resto sea Parque Natural y esté abierto al público. La segunda, y es la que pesará el día que se decida algo, es que la retirada de munición sin detonar de un terreno usado durante setenta años no es un trámite: es una operación larga, cara y técnicamente delicada.
Por eso la discusión sobre el cierre no se resuelve con una firma. Quien reclame la devolución del terreno reclama también, quiera o no, una limpieza que alguien tendrá que pagar y que llevará años. Es exactamente el tipo de dato administrativo que no cabe en una pancarta y sin el cual no se entiende por qué un conflicto lleva cuarenta años sin desenlace.
Un semidesierto que pertenece a unos pueblos desde la Edad Media, protegido por la UNESCO, con un campo de tiro dentro y las ovejas bajando cada septiembre por el mismo camino de siempre. Todo eso a la vez, y por escrito. En España el secreto casi nunca está escondido: está publicado en un boletín que no lee nadie.
OSINT – Trazabilidad de fuentes
No se reproduce la superficie exacta del polígono ni el importe de la contraprestación del acuerdo: circulan cifras distintas y no proceden de un documento único consultable. El número de entidades congozantes se da de forma aproximada por la misma razón. Las fechas de las declaraciones de Parque Natural y de Reserva de la Biosfera sí están consolidadas.