El 26 de julio de 2023, en la sala 2154 del edificio Rayburn, tres hombres juraron decir verdad ante un subcomité de la Cámara de Representantes. Dos de ellos, David Fravor y Ryan Graves, venían a contar lo que habían visto con sus propios ojos. El tercero venía a contar lo que le habían contado. Esa asimetría es todo el expediente.
Qué dijo exactamente
El núcleo de su declaración, resumido y traducido, es este: que fue informado en el ejercicio de sus funciones oficiales de la existencia de un programa de varias décadas dedicado a la recuperación de aeronaves siniestradas de origen no humano y a su ingeniería inversa, y que se le denegó el acceso a ese programa.
Añadió que su conocimiento procedía de entrevistas con unas cuarenta personas a lo largo de cuatro años, que consideraba a esas fuentes creíbles y que había facilitado sus nombres al Inspector General de la Comunidad de Inteligencia y a los comités correspondientes. Sostuvo también que había sufrido represalias, extremo que forma parte de su denuncia registrada en mayo de 2022.
Y sobre lo que no dijo conviene ser igual de preciso, porque en las tertulias se le atribuyen cosas que no constan en el acta. No dijo haber visto una nave. No dijo haber visto un cuerpo. No aportó documento alguno en sesión pública. Cuando se le preguntó por detalles concretos, remitió reiteradamente a la sesión clasificada, alegando que no podía tratarlos en abierto.
Fui informado, en el curso de mis funciones oficiales, de la existencia de un programa multidecenal de recuperación e ingeniería inversa de vehículos no identificados, al que se me denegó el acceso.
Cómo hay que leer esto
Con una regla muy sencilla que en esta casa se aplica siempre y que aquí es más necesaria que nunca: separar el continente del contenido.
- El continente es de nivel máximo. La audiencia se celebró, el declarante compareció, prestó juramento y existe transcripción oficial del Government Publishing Office. Que David Grusch dijo lo que dijo, el día que lo dijo y bajo juramento, es un hecho documental de primera categoría. Ahí no hay discusión posible.
- El contenido es de nivel bajo. Es testimonio indirecto, sin fuentes públicas identificadas, sin documento y sin material, y así lo describe el propio declarante al reconocer que se le denegó el acceso.
- El juramento no transfiere veracidad hacia atrás. Protege contra la mentira del declarante, no contra el error o la mentira de quienes le informaron. Es una garantía sobre él, no sobre sus cuarenta fuentes.
- Y la remisión a la sesión clasificada no es una prueba ni una excusa. Es exactamente lo que parece: un dato que no podemos evaluar. Ni a favor ni en contra.
Un acta oficial no convierte en cierto lo que contiene. Solo convierte en cierto que fue dicho. Confundir las dos cosas es el error que sostiene la mitad de este oficio.
El detalle procesal que casi nadie menciona
Grusch no compareció por sorpresa ni por iniciativa propia. Llegó a esa sala al final de un recorrido administrativo de catorce meses que había empezado en mayo de 2022 con una denuncia registrada ante el Inspector General de la Comunidad de Inteligencia, presentada por un abogado que había ocupado ese mismo cargo. Su declaración de apertura pasó además por la Oficina de Revisión de Seguridad y Publicaciones del Departamento de Defensa, el organismo que autoriza qué puede decir en público un antiguo cargo con acceso a información clasificada.
Ese detalle tiene una consecuencia que se pasa por alto sistemáticamente: el texto que Grusch leyó ante el subcomité había sido revisado y autorizado por el propio Departamento de Defensa. No es que el Pentágono suscriba su contenido —no lo hace, y lo ha desmentido después con claridad—, sino que la revisión previa se ocupa de otra cosa: de que no se revele información clasificada. Que el texto saliera de ahí significa únicamente que nadie encontró en él secretos que proteger.
Se puede leer de dos maneras opuestas, y las dos son legítimas. Una: si describiera un programa real y clasificado, la revisión lo habría cortado. Otra: la revisión no valida ni invalida nada, solo tacha. Yo me quedo con la segunda, porque es la que dice el manual. Pero conviene saber que el argumento existe y que se usa en las dos direcciones.
Qué respondió la administración
La AARO ha declarado que no ha encontrado información verificable que sustente la existencia de programas de posesión o ingeniería inversa de materiales extraterrestres. Sean Kirkpatrick, su director hasta 2024, ha sostenido que las acusaciones proceden de revelaciones inadvertidas sobre programas estadounidenses legítimos, de tergiversaciones y de creencias sin respaldo.
Con la cautela de siempre: esa oficina pertenece al Departamento de Defensa y evalúa acusaciones dirigidas contra el Departamento de Defensa. Su desmentido pesa, porque es la instancia con acceso, y a la vez no es independiente. En este expediente no hay ninguna parte que lo sea.
Tres años después, el balance es el mismo que el día de la comparecencia: una declaración impecablemente documentada en su forma y sin verificar en su fondo. Y ahí sigue.
OSINT – Trazabilidad de fuentes
A diferencia de los testimonios de Fravor y Graves, prestados en la misma sesión, este NO es un relato de observación directa: el declarante afirma expresamente que se le denegó el acceso al programa del que habla. El bloque de cita reproduce una traducción y síntesis del contenido declarado, no una transcripción literal; la formulación exacta figura en el documento oficial enlazado. No se le atribuye haber declarado haber visto naves ni cuerpos, porque no consta en el acta de la sesión pública. La calificación de la denuncia como creíble y urgente por el ICIG en julio de 2022 es procedimental y no constituye verificación de los hechos denunciados.