Un testimonio que se sostiene en una barra de bar no vale nada. Un testimonio que se sostiene delante de un abogado del Estado, bajo juramento, durante tres años y sabiendo que mentir sale caro, vale otra cosa. No vale como prueba de lo que se afirma, ojo. Vale como prueba de que quien lo dice está dispuesto a pagar por decirlo.
Eso es exactamente lo que hicieron Betty Cash y Vickie Landrum entre 1983 y 1986.
Lo que declararon
El núcleo del relato, sostenido por las dos mujeres desde los primeros días y mantenido después en el procedimiento judicial y en las entrevistas documentadas, es este:
- Que la noche del 29 de diciembre de 1980, volviendo a casa por la carretera FM 1485, encontraron sobre la calzada un objeto con forma de rombo que expulsaba fuego hacia el suelo de forma intermitente.
- Que detuvieron el vehículo y bajaron de él.
- Que el calor era tan intenso que el tirador de la puerta quemaba al tocarlo y el salpicadero quedó marcado.
- Que, al alejarse el objeto, apareció una formación numerosa de helicópteros de doble rotor. Contaron veintitrés.
- Que en las horas siguientes los tres enfermaron, con vómitos, afectación ocular y lesiones cutáneas, y que Betty Cash llegó a ser hospitalizada y a perder cabello.
Bajamos del coche. El calor era insoportable y el tirador de la puerta quemaba. Cuando aquello empezó a irse, el cielo se llenó de helicópteros.
Advertencia obligatoria y sin la cual esto no se publica: la cita anterior es una síntesis en castellano del contenido del relato tal como está recogido en la documentación del caso y en las entrevistas publicadas. No es una transcripción literal de ninguna declaración judicial, y este sitio no dispone del acta original.
Cómo se valora
Empecemos por lo que juega a su favor, que no es poco. Dos testigos adultos con relatos coincidentes desde el primer día. Enfermedad documentada en los tres, con asistencia médica e ingreso. Ausencia total de beneficio: no hubo libro, ni conferencias, ni gira. Y la decisión, muy costosa, de demandar al Gobierno federal y aguantar el procedimiento hasta el final.
Ahora lo que juega en contra, que tampoco es poco. Ningún testigo independiente vio ni el objeto ni la formación de helicópteros, en una comarca habitada y en una carretera con tráfico. Ninguna medición radiológica se practicó jamás, ni sobre las personas ni sobre el vehículo, que era la prueba física disponible y estaba ahí. Y el cuadro clínico, siendo real, admite varias causas convencionales.
Hay además un elemento que conviene señalar sin condescendencia: la cifra de veintitrés helicópteros es demasiado precisa. Un testigo que inventa redondea. Un testigo honesto que cuenta bajo estrés, de noche, con aparatos entrando y saliendo del campo visual, produce una cifra concreta, dicha con seguridad, y probablemente equivocada. La precisión aquí no es indicio de veracidad; es indicio de que estaban contando de verdad.
El desarrollo completo del caso, con la investigación de la Inspección General del Ejército y el sentido real del sobreseimiento de 1986 —que se cita mal casi siempre—, está en el expediente.
Betty Cash murió el 29 de diciembre de 1998, dieciocho años exactos después de aquella noche. Vickie Landrum, en 2007. Ninguna de las dos cambió una coma.
OSINT – Trazabilidad de fuentes
La cita que aparece en el cuerpo es una síntesis en castellano del contenido del relato recogido en la documentación del caso y en entrevistas publicadas; se advierte expresamente de que no es transcripción literal de ninguna declaración judicial y de que este sitio no dispone del acta original.