Once personas en una comisaría de pueblo, pasadas las once de la noche, contando todas lo mismo. No es una prueba de nada. Pero es un documento, y de los buenos, porque se levantó en caliente y antes de que nadie tuviera tiempo de leer un periódico y ajustar su versión.
Lo que declararon
El contenido, resumido y sin adornarlo, es el siguiente:
- Que a primera hora de la noche uno de los presentes salió al pozo y vio descender una luz más allá de la línea de árboles.
- Que poco después el perro de la casa ladró con insistencia y se refugió bajo la vivienda, donde permaneció el resto de la noche.
- Que apareció en el patio una figura de aproximadamente un metro, de aspecto plateado o brillante, con la cabeza grande, ojos enormes y muy separados, orejas puntiagudas y brazos largos que mantenía alzados.
- Que dispararon contra ella con escopeta del calibre doce y rifle del veintidós, a corta distancia, y que el impacto producía un sonido comparable al de golpear un recipiente metálico.
- Que las figuras caían o se volteaban y a continuación se levantaban y se alejaban flotando, sin correr y sin ruido.
- Que el episodio se repitió durante horas en distintos puntos de la casa: la ventana, el tejado, la puerta.
- Y que uno de los hombres, al salir al porche, notó que una mano larga le tocaba el pelo desde arriba.
Estaban ahí fuera y no se marchaban. Disparamos muchas veces. Caían y se volvían a levantar, y se iban flotando sin hacer ruido.
Advertencia obligatoria: la cita es una síntesis en castellano del contenido de las declaraciones recogidas, no una transcripción literal de ninguna de ellas. Este sitio no dispone de las actas originales y no simula tenerlas.
Cómo se valora
A favor, tres cosas de peso. La primera, la inmediatez: la denuncia se presentó la misma noche, en persona, en una comisaría, con once personas subidas a dos coches. No hubo tiempo de fabricar una versión coordinada, y desde luego no hubo tiempo de leerla en ningún sitio.
La segunda, la valoración de los agentes: el jefe de policía dejó constancia de que aquella gente estaba genuinamente aterrorizada, y se comprobó que no habían bebido, que era lo primero que iba a pensar cualquiera. Un agente de un pueblo de Kentucky en 1955 no era, precisamente, un profesional propenso a la credulidad.
Y la tercera, el coste: la familia no ganó absolutamente nada. Ni libro, ni gira, ni dinero. Ganó que les señalaran, que les entrara gente en la finca y que varios de sus miembros acabaran marchándose del pueblo. Un relato que solo produce perjuicios y que aun así se mantiene sin adornos durante décadas tiene un perfil muy distinto al del embuste.
En contra, dos cosas igual de serias. Ni una sola prueba física apareció en una propiedad registrada durante horas por tres cuerpos distintos, pese a decenas de disparos a corta distancia. Y ningún testigo ajeno a la familia vio nada, ni aquella noche ni después.
Hay además un elemento que conviene señalar sin crueldad: la escena descrita —figuras plateadas, ojos enormes, orejas puntiagudas, brazos alzados, desplazamiento silencioso— coincide con notable precisión con la de un búho cornudo defendiendo territorio, hipótesis que desarrollamos en el expediente del caso. Que once personas honradas y aterrorizadas describan un ave nocturna no las convierte en tontas. Las convierte en once personas de noche, con adrenalina, delante de un animal que vuela sin hacer ruido.
Y un apunte para la hemeroteca: los testigos hablaron de figuras plateadas o brillantes. Lo de «hombrecillos verdes» lo puso la prensa. Setenta años después, la palabra que triunfó es la que nadie dijo.
OSINT – Trazabilidad de fuentes
La cita es una síntesis en castellano del contenido de las declaraciones recogidas y se advierte expresamente de que no es transcripción literal y de que este sitio no dispone de las actas originales. Se señala que la expresión «hombrecillos verdes» procede de la prensa y no de los testigos.