JAL 1628, Alaska 1986: el 747 de carga y el eco que la FAA acabó explicando
Un Boeing 747 de Japan Air Lines informó de tres objetos sobre Alaska. La autoridad de aviación civil de Estados Unidos abrió una investigación de tres meses y compareció para decir algo insólitamente honesto: que aceptaba el relato de la tripulación y que no podía respaldarlo.
El 17 de noviembre de 1986, la tripulación del vuelo de carga JAL 1628, un Boeing 747-246F que cubría la ruta París-Tokio con escala en Anchorage, informó de tres objetos no identificados sobre el este de Alaska a 35.000 pies. El control civil registró en algunos instantes un segundo retorno junto al avión. La FAA abrió una investigación de tres meses y el 5 de marzo de 1987 concluyó en rueda de prensa que el eco correspondía a una imagen desdoblada del propio aparato, que no disponía de material suficiente para confirmar la presencia de un objeto y que, aceptando el relato de la tripulación, no podía respaldarlo.
Resumen ejecutivo del expediente. Todo lo esencial antes de profundizar.
Ficha tecnica
OSINT - Trazabilidad
Red de inteligencia
Hoy vengo con un caso que me gusta especialmente porque no va de luces. Va de papeles. Va de un organismo federal que dijo una cosa en noviembre, otra en enero y una tercera en marzo, y de un funcionario de carrera que treinta años después se dedicó a contar en público lo que había pasado con las cintas. O sea: va de lo mío.
El 17 de noviembre de 1986, un Boeing 747 de carga de Japan Air Lines cruzaba Alaska rumbo a Anchorage. La tripulación informó de tres objetos. Hasta ahí, un avistamiento más. Lo interesante empieza cuando aterrizan, porque a partir de ese momento el expediente deja de estar en el cielo y pasa a estar en un archivador de la Administración Federal de Aviación. Y los archivadores, amigos, hablan mucho más que las luces.
Lo que ocurrió, según el propio expediente
El 747 venía de París con destino a Tokio y hacía escala en Anchorage. Sobre las 17:11, a 35.000 pies y ya sobre territorio de Alaska, el comandante Kenju Terauchi informó de luces. Después precisó: dos objetos pequeños y detrás uno considerablemente mayor. Los mantuvo a la vista durante un buen rato —el trayecto que se cita habitualmente ronda los cuatrocientos kilómetros— y en algún momento pidió permiso para maniobrar y perderlos de vista. Se lo dieron. Descendió, giró, y el asunto acabó.
Ahora, el aparato administrativo, que es donde esto se pone bueno. El control de Anchorage tenía a un 747 en pantalla y, en algunos instantes, un segundo retorno cerca. Se contactó con el radar militar. Se registraron las cintas. Y se abrió una investigación de la FAA que duró aproximadamente tres meses.
Fíjense en lo que acabo de decir, porque es más raro de lo que parece: la autoridad de aviación civil de los Estados Unidos abrió una investigación formal sobre un avistamiento ovni y la mantuvo un trimestre. Eso no pasa casi nunca. Pasó porque el testigo era un comandante de línea con miles de horas, porque había cintas y porque el asunto se filtró a la prensa en diciembre.
17:11, el avistamiento
El comandante Kenju Terauchi, al mando del vuelo de carga JAL 1628 sobre el este de Alaska a 35.000 pies, informa de dos objetos pequeños y uno de mayor tamaño. El seguimiento se prolonga a lo largo de unos 400 km.
Después del aterrizaje
El comandante y su tripulación son entrevistados por personal de la FAA en Anchorage. Se preservan las cintas de radar del centro de control y se consulta al radar militar.
La filtración
El caso llega a la prensa. La FAA reconoce públicamente que dispone de material y que está investigando, lo que se interpreta de forma generalizada como una confirmación oficial de un ovni.
Marcha atrás
La agencia empieza a matizar. Los retornos militares se reevalúan como ruido y el segundo eco del radar civil como un artefacto del propio 747.
La conclusión oficial
Rueda de prensa de la FAA. El portavoz Paul Steucke retira las sugerencias anteriores de que los controladores hubieran confirmado un ovni y atribuye el segundo eco a una imagen desdoblada de radar, un defecto conocido del sistema. Declara que la agencia no tiene material suficiente para confirmar que allí hubiera algo, que acepta la descripción de la tripulación pero que no puede respaldar lo que vieron.
Callahan lo cuenta en público
John Callahan, que había sido jefe de la División de Accidentes, Evaluaciones e Investigaciones de la FAA en Washington durante seis años en la década de 1980, expone su versión del episodio en el National Press Club.
La frase de la FAA que hay que leer despacio
De la comparecencia del 5 de marzo de 1987 se suele extraer el titular: la FAA dice que no era un ovni. Y no es exactamente eso lo que se dijo. Lo que se dijo, traducido y desmenuzado, fue esto:
- Que la agencia no dispone de material suficiente para confirmar que allí hubiera algo.
- Que acepta la descripción ofrecida por la tripulación.
- Que, sin embargo, no puede respaldar lo que la tripulación vio.
- Que el segundo eco de radar se atribuye a una imagen desdoblada del propio avión, un defecto conocido de los equipos.
¿Ven la diferencia? No dijeron «no había nada». Dijeron «no podemos demostrar que hubiera algo», que es una afirmación mucho más modesta y mucho más honesta. Y añadieron una cortesía profesional importante: no llamaron mentirosa ni incompetente a la tripulación. Los investigadores dejaron por escrito que los tripulantes eran normales, profesionales y racionales, sin implicación de drogas ni alcohol.
«No podemos respaldar lo que vieron» no es lo mismo que «no vieron nada». Entre esas dos frases cabe la mitad de la historia de este asunto.
El desdoblamiento de radar, explicado sin misticismo
Como aquí se viene a aprender algo, vamos con la explicación técnica, que es sólida y conviene entenderla.
Un radar secundario interroga al transpondedor del avión y pinta un símbolo donde está. Un radar primario rebota energía contra la estructura y pinta un eco. En determinadas condiciones —propagación anómala, reflexiones en el terreno, configuración del procesamiento— el sistema puede pintar dos veces el mismo avión, con una separación pequeña. Al operador le aparece un blanco fantasma pegado al real. No es exótico: es un defecto conocido, tiene nombre y sale en los manuales.
Si además el fantasma aparece justo cuando el piloto está describiendo por radio un objeto a su lado, la coincidencia es demoledora. Y demoledora en las dos direcciones: para el que quiere creer, porque el radar «confirma»; y para el que quiere descreer, porque el fantasma tiene una explicación mundana perfectamente disponible. La misma mancha sirve para todo. Bienvenidos al oficio.
Callahan, o por qué un testimonio tardío no es basura pero tampoco es un documento
John Callahan dirigió durante seis años, en los ochenta, la División de Accidentes, Evaluaciones e Investigaciones de la FAA en Washington. No es un aficionado: es un cargo intermedio-alto de la casa, exactamente el tipo de persona por cuyas manos pasa un expediente así. En 2007 lo contó en el National Press Club y ha repetido su versión muchas veces desde entonces.
Su relato añade una capa incómoda: que hubo más material del que se reconoció y una reunión informativa con otras agencias tras la cual se prefirió que el asunto no constara. Yo aquí voy a hacer lo que hago siempre, y que a algunos les parecerá poco entusiasta.
- Callahan ocupó realmente ese puesto. Eso es verificable y no está en discusión.
- Su relato es de primera mano en cuanto a su propia actuación, y eso lo sitúa por encima del rumor.
- Pero es un testimonio oral emitido veintiún años después del suceso, sin documento que lo acompañe en los puntos decisivos.
- Y hay una asimetría que conviene no ocultar: la parte de su relato que sí se puede contrastar con el expediente público —que hubo investigación, que hubo cintas, que hubo entrevistas— es la que se confirma. La parte que no se puede contrastar es, precisamente, la más grave.
En idioma Astro: le concedo credibilidad de persona y le retiro condición de prueba. Son dos cosas distintas y mezclarlas es el error más común de este oficio.
Lo que este expediente le hizo a los pilotos que vinieron después
Y ahora la parte que de verdad me importa, porque es la que conecta 1986 con el presente.
Pongámonos en el lugar de un comandante de línea que en 1987 lee el periódico. Ve a un colega con miles de horas, un profesional impecable, que informó por radio de lo que estaba viendo, siguiendo el procedimiento, como se supone que hay que hacer. Y ve el resultado: tres meses de investigación, su nombre en todos los medios del mundo, una rueda de prensa federal para explicar que su observación no puede respaldarse, y un rosario de artículos sugiriendo que confundió Júpiter con una nave.
¿Qué aprende ese comandante? Aprende a no informar. No hace falta que nadie le amenace ni que exista una circular interna: basta con el ejemplo. El coste profesional de reportar es visible y el beneficio es cero.
Esto no es una teoría mía. Es exactamente lo que el informe preliminar de la ODNI de junio de 2021 reconoce por escrito treinta y cinco años después, cuando admite que el estigma asociado al reporte ha limitado durante décadas la cantidad y la calidad de los datos disponibles. La agencia que lo escribe no está describiendo una superstición: está describiendo el mecanismo que se ve funcionar en directo en el expediente JAL 1628.
Sin necesidad de marcianos
- Júpiter y Marte. Es la hipótesis de Philip Klass, y no es una ocurrencia: aquella noche ambos planetas estaban en la dirección relevante, con Júpiter a unos diez grados sobre el horizonte, lo que desde una cabina a 35.000 pies puede dar la impresión de estar a la altura del avión. Explica bien las dos luces pequeñas y persistentes.
- Refracción y reflejos en el parabrisas. El acristalamiento de una cabina de 747 tiene varias capas y produce reflejos dobles de fuentes brillantes. Es candidato habitual y encaja con la geometría descrita.
- El desdoblamiento de radar para el eco. Explicación oficial, técnicamente sólida y suficiente.
- Lo que no cierra del todo. El tamaño y la estructura que describió Terauchi para el tercer objeto no encajan bien con un planeta ni con un reflejo, y el comandante era un profesional con muchísimas horas de noche polar a sus espaldas. Ese residuo existe. No es grande, pero está ahí, y quien lo niegue está haciendo trampas por el otro lado.
Un 747 de carga, un comandante japonés con muchas horas, un eco fantasma y un organismo federal que tardó tres meses en decir, con bastante elegancia, que no sabía. Si me preguntan qué me llevo de este expediente, no son las luces sobre Alaska. Es la frase de Steucke. Aceptamos lo que nos cuentan y no podemos respaldarlo. Ojalá se dijera más veces.
OSINT – Trazabilidad de fuentes
Las declaraciones de Paul Steucke se ofrecen traducidas y por su contenido, no como transcripción literal del original en inglés. No se consigna la naturaleza de la carga transportada por ser un dato muy repetido que no se ha podido contrastar en fuente primaria. No se afirma que el comandante Terauchi fuera apartado del vuelo tras el episodio: circula ampliamente y no se ha verificado. La grafía de su nombre varía entre fuentes. Las coordenadas corresponden a un punto de referencia del interior de Alaska y no a la posición exacta del avistamiento, que no consta con precisión en fuente accesible.