Con Grusch hay que tener mucho cuidado, y no por lo que ustedes están pensando. Hay que tener cuidado porque este es el caso perfecto para meterse en cualquiera de las dos jaulas de siempre. La jaula del «un oficial de inteligencia lo ha dicho bajo juramento, luego es verdad». Y la jaula del «no ha enseñado nada, luego es un fabulador». Ninguna de las dos resiste diez minutos con los papeles delante.
Porque el expediente de David Grusch tiene una particularidad que lo hace distinto de todo lo anterior: hay procedimiento administrativo. No hay un señor contando una batallita en un pódcast. Hay una denuncia registrada, un inspector general que la evalúa, una calificación formal, un trámite ante comités del Congreso y una comparecencia bajo juramento con transcripción del Government Publishing Office. Todo eso existe y consta. Otra cosa es lo que hay dentro.
La hoja de servicios, que es la parte que nadie discute
Grusch no salió de la nada. Fue oficial de inteligencia de la Fuerza Aérea, veterano de Afganistán, y trabajó en dos organismos que están en el corazón del aparato: la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial y la Oficina Nacional de Reconocimiento. La NRO es la casa que gestiona los satélites de reconocimiento de Estados Unidos. Uno no entra ahí por sorteo.
Entre 2019 y 2021 fue el representante de la NRO ante el Grupo de Trabajo sobre Fenómenos Aéreos No Identificados. Es decir: fue, oficialmente y con nombramiento, uno de los enlaces institucionales del asunto. Y participó en la preparación de la Ley de Autorización de Defensa Nacional para el ejercicio 2023, la norma que crea la arquitectura legal actual del tema.
Retengan eso, porque es el argumento fuerte a su favor y no depende de que le creamos nada: este hombre estaba dentro de la habitación por designación oficial. Lo cual no significa que lo que cuenta sea cierto. Significa que estaba en posición de oír lo que dice que oyó.
El expediente administrativo, paso a paso
Vamos con las fechas, que es lo que a mí me gusta.
- Mayo de 2022. Grusch presenta ante el Inspector General de la Comunidad de Inteligencia una comunicación de asunto urgente y una denuncia de represalias, a través de su abogado Charles McCullough III —que, por cierto, fue el primer titular de ese mismo cargo de inspector general—. El contenido: que elementos de la comunidad de inteligencia habrían ocultado información clasificada sobre el fenómeno al Congreso para frustrar deliberadamente su función de supervisión.
- Julio de 2022. El ICIG califica la denuncia de creíble y urgente. Aquí es donde hay que frenar y explicar, porque este es el dato más manipulado de todo el asunto.
- Después. Según el propio Grusch, se remitió un resumen a la directora de Inteligencia Nacional, Avril Haines, y a los comités de inteligencia del Senado y de la Cámara.
- 5 de junio de 2023. El asunto se hace público en The Debrief, en un reportaje firmado por Leslie Kean y Ralph Blumenthal, los mismos que en 2017 destaparon el programa del Pentágono en el New York Times. Conviene señalar que el New York Times, el Washington Post y Politico declinaron publicarlo primero.
- 26 de julio de 2023. Comparece bajo juramento ante un subcomité de la Cámara de Representantes, junto a David Fravor y Ryan Graves.
El problema, dicho sin anestesia
Grusch declaró bajo juramento que fue informado, en el ejercicio de sus funciones oficiales, de la existencia de un programa multidecenal de recuperación e ingeniería inversa de aeronaves de origen no humano, y que se le denegó el acceso a dicho programa.
Lean esa frase otra vez, porque está construida con una precisión notable. Dice tres cosas: que le informaron, que era en el ejercicio de sus funciones y que le denegaron el acceso. Es decir, que él no ha visto nada. Su base son entrevistas con unas cuarenta personas.
Y aquí llegamos al núcleo duro. Un testimonio de segunda mano prestado bajo juramento sigue siendo un testimonio de segunda mano. El juramento garantiza que el declarante cree lo que dice y responde penalmente si miente sobre lo que le contaron. No garantiza en absoluto que lo que le contaron sea cierto. Si cuarenta personas le dijeron algo falso, Grusch puede declarar bajo juramento con total sinceridad y estar transmitiendo cuarenta falsedades sin cometer perjurio.
Jurar que te lo contaron no es lo mismo que jurar que ocurrió. Toda la discusión de los últimos tres años cabe en esa distinción, y casi nadie la hace.
Lo que responden desde el otro lado
Y responden, que es lo interesante. No hay silencio administrativo aquí.
La AARO —la oficina del Departamento de Defensa creada precisamente para esto— ha declarado que no ha encontrado información verificable que sustente las afirmaciones de que hayan existido programas de posesión o ingeniería inversa de materiales extraterrestres. Sean Kirkpatrick, que dirigió esa oficina hasta su retirada en 2024, ha escrito además una explicación alternativa que hay que tomarse en serio: que las acusaciones derivan de revelaciones inadvertidas sobre programas legítimos estadounidenses, que algunas son tergiversaciones y que otras proceden de creencias sin respaldo.
Esa hipótesis explica muchísimo con muy poco. Un programa negro convencional —un dron, un material, un sensor— compartimentado hasta la paranoia, del que a alguien le llega una descripción parcial sin contexto. Lo que se oye es «hay un objeto recuperado cuyo origen no podemos explicar y cuyo programa no puedo confirmarte». Lo que se entiende es otra cosa. No hace falta que nadie mienta en toda la cadena: basta con que el secreto funcione como está diseñado para funcionar.
Ahora bien, y esto también hay que decirlo: la AARO es una oficina del Departamento de Defensa auditando al Departamento de Defensa. Su desmentido no es una fuente independiente. Es una parte del pleito, igual que Grusch. Aquí no hay árbitro.
Dónde está hoy
El 27 de marzo de 2025, el congresista Eric Burlison lo incorporó a su equipo como asesor especial, dentro del grupo de trabajo sobre desclasificación de secretos federales. La incorporación vino acompañada, según se anunció, de la restitución de su habilitación de seguridad.
Ese movimiento tiene una lectura que a mí me parece más significativa que cualquier declaración. Un denunciante que pasa a formar parte de la estructura del poder legislativo deja de ser exactamente un denunciante. Gana acceso e influencia y pierde exterioridad. No lo digo como reproche —es probablemente el sitio donde más puede hacer— pero sí como advertencia metodológica: a partir de marzo de 2025, cualquier cosa que Grusch diga hay que leerla también como posición institucional, no solo como testimonio.
Ha seguido haciendo declaraciones públicas durante 2026. Esta casa no las recoge en detalle porque no ha podido contrastarlas con fuente primaria, y la norma aquí es vieja: si no se puede verificar, se omite o se atribuye. No se rellena de memoria.
Cuando el Estado te promete transparencia, mira primero la mano que sujeta el rotulador negro. Y cuando alguien de dentro te promete que sabe lo que hay debajo del rotulador, pregúntale si lo ha visto él. Grusch, para su honor, contesta esa pregunta sin escurrirse: no lo ha visto. Se lo contaron.