De todo el caso Nimitz, la parte que menos se cuenta es la que a mí más me interesa. Porque el relato popular empieza con un piloto de caza mirando por la ventanilla, y el caso real empieza cuatro días antes, en un cuarto sin ventanas de un crucero, con un suboficial mirando una pantalla.
Ese suboficial se llama Kevin Day.
Lo que declara
Day sostiene, en un relato que ha mantenido de forma consistente en entrevistas públicas, lo siguiente:
- Que durante varios días antes del encuentro aéreo, el radar del Princeton venía detectando grupos de contactos que aparecían a gran altitud sobre el área de ejercicios y descendían después a cota baja en tiempos muy cortos.
- Que los contactos no aparecían de forma aislada, sino en grupos, y con una regularidad que le llamó la atención.
- Que inicialmente se sospechó de un fallo del propio sistema, dado que el buque acababa de recibir una actualización de su equipo, y que se realizaron comprobaciones que descartaron esa posibilidad.
- Que fue él quien insistió en que se enviara a alguien a mirar, lo que acabó derivando en el desvío de una pareja de cazas hacia la posición.
Llevábamos días viéndolos en la pantalla. Bajaban desde muy arriba hasta cota baja en un tiempo que no encajaba con nada de lo que yo conocía. Comprobamos el sistema porque pensamos que era nuestro. No era nuestro.
Advertencia de rigor, que en esta casa no se salta: la cita es una síntesis en castellano del contenido de sus declaraciones públicas. No es transcripción literal ni procede de ningún documento oficial.
Por qué este testimonio es distinto de los demás
Porque no es un testigo visual. Y eso, contra lo que parece, lo hace más interesante.
Un piloto que ve algo por la ventanilla aporta una descripción sujeta a todas las trampas conocidas de la percepción: distancia mal estimada, tamaño deducido, movimiento relativo confundido con movimiento propio. Un operador de radar aporta otra cosa: un procedimiento. Él no describe una forma, describe una traza en un sistema, un protocolo de verificación y una decisión operativa. Se puede discutir su interpretación, pero se discute sobre un proceso, no sobre una impresión.
Y aporta el elemento que sostiene todo el caso Nimitz frente a la crítica: la detección precede al avistamiento. Si los cazas fueron enviados porque el radar llevaba días registrando algo, entonces lo que los pilotos vieron no fue un hallazgo casual, sino la comprobación visual de un contacto instrumental previo. Eso es exactamente la secuencia que hace fuerte a un caso.
Las cautelas, que son varias
No nos emocionemos, amigos.
Primero: los datos de radar del Princeton de aquellos días no se han publicado. Lo que tenemos es el relato de quien los vio, no el registro. Y en un caso cuyo punto fuerte es precisamente el sensor, no disponer del dato del sensor es una carencia enorme.
Segundo: su testimonio público es muy posterior a los hechos. Más de una década. La memoria de un procedimiento envejece mejor que la de una imagen, pero envejece.
Y tercero: un sistema de radar recién actualizado que detecta contactos raros durante varios días es, para cualquier ingeniero, el escenario que más grita «fallo de configuración». Day sostiene que se comprobó y se descartó. Le creo, y aun así consigno que la comprobación tampoco está documentada públicamente.
El desarrollo completo del caso está en nuestro expediente del Nimitz, y el análisis de los vídeos asociados, en el de los vídeos de la Marina. Este testimonio es la pieza que los une, y es también la que más falta hace acompañar de un documento que nadie ha sacado todavía.
OSINT – Trazabilidad de fuentes
La cita atribuida es una síntesis en castellano del contenido de sus declaraciones públicas y se advierte expresamente de ello. Se consigna que ni los datos de radar ni la comprobación técnica del sistema que el testigo menciona están documentados públicamente.