Hay biografías que parecen escritas por un guionista con mal gusto. Esta es una de ellas.
José Luis Jordán Peña nació en Alicante en 1931 y murió en Madrid el 9 de septiembre de 2014. Entre esas dos fechas hizo dos cosas notables: fabricó el fraude documental más elaborado de la ufología europea y, en el momento álgido de ese fraude, encabezó la comisión que el Estado español envió a investigar su otro gran misterio popular.
Vamos por partes, y con la cautela que merece un hombre cuya principal habilidad acreditada era exagerar sus credenciales.
Quién era realmente
Se presentaba como ingeniero, técnico superior en telecomunicaciones y psicólogo industrial. Empecemos por ahí, porque es revelador: ninguna de esas titulaciones está acreditada. Es la primera pista, y estuvo delante de todo el mundo durante treinta años.
Lo que sí está documentado es más modesto y, para lo que nos ocupa, más útil: trabajó como auxiliar de telecomunicaciones en la constructora Agromán entre 1964 y 1987, y dio clases de física, matemáticas y electrónica en un instituto madrileño. Fue además vicepresidente de la Sociedad Española de Parapsicología y publicó en 1982 un libro sobre casas encantadas y poltergeist.
La obra: UMMO
El caso UMMO merece su propio expediente y lo tiene. Aquí van solo los datos que lo definen a él.
En febrero de 1966 figuró como uno de los dos testigos del supuesto aterrizaje de Aluche, en las afueras de Madrid. El otro era Vicente Ortuño. Durante veintidós años se les presentó como testigos independientes. En 1988 se descubrió que eran amigos de antes del avistamiento.
A partir de ahí, más de dos décadas de cartas mecanografiadas firmadas por supuestos habitantes de otro planeta, redactadas con estructura de informe técnico, numeradas y con referencias cruzadas. Utilizó varias máquinas de escribir para simular pluralidad de emisores, y contó con colaboradores que despachaban correspondencia desde el extranjero aprovechando viajes.
En 1988 sufrió un ictus y su producción cesó. Otros continuaron.
La confesión, y su motivo declarado
En 1993 confesó por dos vías simultáneas: seis cartas privadas a Rafael Farriols, el principal custodio del archivo ummita, entre abril y mayo; y un artículo publicado ese verano en el número 29 de La Alternativa Racional, el boletín de la organización escéptica que después sería ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.
Su explicación fue que había querido montar un experimento sociométrico para contrastar su tesis de que una gran parte de la población padecía una forma de paranoia respecto a lo paranormal. Añadió detalles que ningún fabulador añadiría: que eligió la estrella Wolf 424 al azar y que el nombre UMMO evocaba deliberadamente la palabra humo. Dejó la pista en la puerta y nadie la vio en tres décadas.
Y expresó remordimiento por una cosa concreta: que la secta Edelweiss, en los años ochenta, hubiera utilizado su simbología para hacer daño a menores, en un asunto que derivó en uno de los mayores procesos por corrupción de menores de España.
Dijo que quería medir la credulidad ajena. Acabó midiendo, sin querer, lo lejos que puede llegar una broma cuando encuentra a alguien peor que tú.
1971: el perito
Y ahora el dato que convierte esta ficha en algo más que la biografía de un embaucador.
En 1971, cuando aparecieron las caras de Bélmez de la Moraleda, el Ministerio de la Gobernación envió una comisión a investigar. La encabezaba él. En pleno apogeo de su propia operación ummita, el Estado español lo escogió como experto oficial para peritar su otro gran fenómeno paranormal.
Qué se aprende de él
Tres cosas, y las tres siguen operativas hoy.
- Las credenciales no se verifican casi nunca. Se aceptan. Y quien lo sabe, lo explota.
- El formato produce autoridad. Sus cartas no convencieron por lo que decían, sino por cómo estaban maquetadas.
- Una confesión no cierra un caso. Treinta años después de la suya, sigue habiendo quien defiende el expediente. La verdad documentada, cuando llega tarde, ya no compite con el error: compite con una identidad.
Murió en 2014, en Madrid, sin que su nombre saliera de los círculos especializados. Fuera de ellos, casi nadie lo conoce. Dentro, es probablemente el español que más ha influido en la cultura del misterio del siglo XX. Y lo consiguió, no lo olvidemos, con una máquina de escribir prestada y una caja de sellos.