Si tuvieras que señalar a la persona sin la cual la conversación pública actual sobre fenómenos anómalos sencillamente no existiría, señalarías a este señor. Y a continuación te meterías en el berenjenal documental más incómodo de todo el expediente, porque sobre quién es exactamente Luis Elizondo hay dos versiones enfrentadas y ninguna sentencia.
Vamos con lo que consta en papel, que para eso estamos.
Lo que dice su expediente de personal
Existe un memorando interno del Departamento de Defensa, firmado por Garry Reid, director de Inteligencia de Defensa, liberado años después por vía FOIA. Es un documento hostil, escrito en caliente en diciembre de 2017, y precisamente por eso es valioso: es la administración hablando de sí misma sin público delante.
El memorando abre con una frase que no deja lugar a dudas sobre el ánimo del redactor: dice que Elizondo ha engrandecido su papel en el programa. Y anuncia tres cosas: que están recopilando datos sobre cuál fue su función real, que están revisando la historia del programa con la Agencia de Inteligencia de Defensa, la Armada y la Fuerza Aérea, y que estudian opciones para investigar un posible manejo indebido de información sensible.
El 21 de diciembre de 2017, Reid se reunió con agentes de la Oficina de Investigaciones Especiales de la Fuerza Aérea para iniciar esa investigación formal.
Las dos cartas
Este es mi detalle favorito del personaje, y casi nadie lo cuenta.
La primera carta, del 3 de octubre de 2017, tiene cuatro líneas. Presenta su renuncia con efecto del día siguiente, dice entender que dejará de ser empleado del Gobierno y solicita respetuosamente una jubilación diferida. No da ningún motivo. El memorando lo anota expresamente.
La segunda, entregada al día siguiente al jefe de gabinete cuando él ya se había marchado, es otra cosa. Está formateada como memorándum para el archivo pero encabezada «Señor Secretario». Habla de veintidós años de servicio, de inercia burocrática, de rigidez de pensamiento y, textualmente, de amenazas aeroespaciales anómalas. Es la carta que ha dado la vuelta al mundo.
Y el memorando interno remata: dada la procedencia incierta de esa segunda carta, la oficina conservó copia pero no la remitió al despacho del Secretario. Es decir, el destinatario nominal nunca la recibió por vía oficial.
Dos cartas en dos días. La corta, la que firmó el funcionario. La larga, la que firmó el personaje. Y la administración, que de esto sabe, se quedó con las dos y no cursó ninguna.
Lo que hizo después
Tras salir del Departamento, Elizondo se sumó a To The Stars Academy, la iniciativa impulsada por el músico Tom DeLonge junto con Christopher Mellon, exsubsecretario adjunto de Defensa para Inteligencia, y Steve Justice, ingeniero procedente del programa de aviones avanzados de Lockheed. Fue a través de esa organización como salieron a la luz dos de los tres vídeos de la Armada, coincidiendo con el reportaje de The New York Times del 16 de diciembre de 2017.
Desde entonces ha sido la voz más constante del asunto: entrevistas, comparecencias, documentales y un libro de memorias publicado en 2024. Y ha mantenido una posición pública crítica y sostenida contra la versión oficial. El 8 de marzo de 2024, el mismo día en que se publicó el informe histórico de AARO, lo calificó públicamente de intencionadamente deshonesto, inexacto y peligrosamente engañoso.
La disputa, sin trampas
Voy a decir aquí algo que no gusta a ninguno de los dos bandos. Que un expediente de personal no recoja una responsabilidad no demuestra que la persona no hiciera ese trabajo: los organigramas y la realidad rara vez coinciden, y menos en inteligencia. Y a la inversa: que alguien afirme haber dirigido algo tampoco lo prueba.
Lo honesto es lo siguiente: no consta ninguna rectificación pública del Departamento sobre aquel memorando. Tampoco consta ninguna resolución que zanje la disputa. Y quien te diga que el Pentágono se retractó, o que quedó demostrado que mentía, te está contando lo que le gustaría que hubiera pasado.
Lo que sí es indiscutible, y esto no lo discute ni el memorando, es su efecto. Sin la salida de Elizondo no hay reportaje de diciembre de 2017. Sin ese reportaje no hay reconocimiento de la Armada en 2019, ni publicación oficial de los vídeos en 2020, ni informe de la ODNI en 2021, ni audiencia parlamentaria en 2023, ni AARO, ni las enmiendas de la NDAA. Toda la cadena institucional de los últimos años cuelga de una dimisión.
Eso no lo convierte en un héroe ni en un charlatán. Lo convierte en algo bastante más raro: en la persona que consiguió que un Estado empezara a rellenar formularios sobre un asunto del que se reía. Con esas credenciales, y con esa disputa a cuestas.