El informe histórico de AARO: 63 páginas, siete periodistas invitados y un volumen II que no llega
En marzo de 2024 el Pentágono publicó el informe que iba a cerrar ochenta años de historia UAP. Lo firmó una oficina, lo escribió un director que ya se había ido, se presentó ante siete periodistas escogidos y no menciona ni una vez el caso más famoso del país.
El 8 de marzo de 2024, la All-domain Anomaly Resolution Office publicó el Volumen I de su informe sobre la implicación histórica del Gobierno de Estados Unidos con los fenómenos anómalos, ordenado por la ley de defensa del año fiscal 2023. Son 63 páginas que cubren de 1945 a 2023 y concluyen que no hay evidencia de posesión ni ingeniería inversa de tecnología no humana. Lo redactó el director saliente, que había abandonado la oficina el 1 de diciembre de 2023, y lo presentó su sucesor en funciones en una sesión restringida a unos siete periodistas. El Volumen II anunciado sigue sin publicarse.
Resumen ejecutivo del expediente. Todo lo esencial antes de profundizar.
Ficha tecnica
OSINT - Trazabilidad
Red de inteligencia
Marzo de 2024. La All-domain Anomaly Resolution Office, AARO para los amigos, publica el informe que llevaba dos años prometiéndose: la revisión histórica completa de la implicación del Gobierno de Estados Unidos con los fenómenos anómalos, desde 1945 hasta hoy.
Sesenta y tres páginas. Volumen I. Y desde entonces, silencio.
Yo no vengo a decirte si el informe miente. Vengo a contarte lo que se puede comprobar sobre cómo se hizo, quién lo escribió, a quién se lo enseñaron primero y qué no aparece dentro. Porque en este oficio, las ausencias de un documento suelen decir más que sus párrafos.
La ficha, que es lo primero
Una precisión de fontanería legal, porque circula mal y a mí me importa. El informe no lo ordenó la ley que creó la oficina. La oficina nació con la sección 1683 de la ley de defensa del año fiscal 2022. El encargo de este informe concreto entró después, en la ley de defensa del año fiscal 2023, y no por una sino por dos vías distintas dentro del mismo texto legal. Si te preguntas por qué un Congreso mete la misma obligación por dos puertas: porque no se fiaba de que entrara por una.
Qué dice el informe
Sin rodeos, sus conclusiones principales:
- No hay evidencia de que ninguna agencia del Gobierno estadounidense haya poseído o realizado ingeniería inversa sobre tecnología de origen no humano.
- Roswell se explica por el globo del proyecto MOGUL y, en cuanto a los supuestos cuerpos, por los maniquíes antropomórficos que se lanzaban en pruebas de la Fuerza Aérea en los años cincuenta. Ojo con el nombre del programa: el que aparece asociado a esos maniquíes es High Dive, no Excelsior, que es otro. Es un error habitual.
- Buena parte del material que alimentó las creencias sobre encubrimiento procede de programas secretos reales mal identificados por testigos que sabían que veían algo raro y no podían saber qué era.
- Existió una propuesta llamada Kona Blue, planteada al Departamento de Seguridad Nacional por antiguos miembros del programa de la Agencia de Inteligencia de Defensa, que nunca fue aprobada. Es decir: hubo gente proponiendo un programa de recuperación de material exótico. Y les dijeron que no.
Ese último punto es el más interesante y el que menos titular dio, porque no encaja en ninguna de las dos jaulas. No prueba que haya naves. Prueba que dentro del aparato había gente convencida de que las había, con suficiente peso como para redactar una propuesta formal. Eso no es un chalado en un foro. Es un expediente con membrete.
Que una propuesta sea rechazada no la borra. La convierte en la prueba de que alguien, con acceso, se lo creía lo suficiente como para pedir presupuesto.
Quién lo escribió, y cuándo se fue
Este tramo es puro idioma Astro, y es de los que se pasan por alto porque parecen recursos humanos.
Nace la oficina
Se establece AARO, sucesora del grupo de trabajo UAP, con mandato de la ley de defensa del año fiscal 2022.
El encargo
La ley de defensa del año fiscal 2023 ordena el informe histórico, y lo hace por dos vías distintas dentro del mismo texto.
El anuncio
La subsecretaria de Defensa Kathleen Hicks anuncia la salida de Sean Kirkpatrick, primer director de AARO.
Último día
Kirkpatrick abandona la oficina. El informe que él ha redactado todavía no está publicado.
El memorando sobre Grusch
Un documento interno del Departamento, liberado después por FOIA, detalla al menos once intentos de AARO de entrevistar a David Grusch entre junio de 2023 y enero de 2024.
El briefing selecto
Timothy Phillips, director en funciones, presenta el informe en una sesión presencial solo por invitación, ante unos siete periodistas. Los medios especializados en el tema quedan fuera. Washington Post, Politico y The New York Times habían recibido copias anticipadas unas cuarenta y ocho horas antes.
Publicación
Sale el Volumen I. 63 páginas.
Fuente ↗Reacción inmediata
Luis Elizondo lo califica públicamente de intencionadamente deshonesto, inexacto y peligrosamente engañoso. El congresista Tim Burchett resume: la gente que hace el encubrimiento dice que no encuentra encubrimiento.
La crítica técnica
El investigador Robert Powell publica una revisión demoledora, que él mismo subraya que es a título personal, no institucional.
Bajo juramento
El contralmirante retirado Tim Gallaudet declara ante el Comité de Supervisión de la Cámara que su reunión con AARO fue una operación de influencia de horas para convencerle de la validez del informe.
Sin volumen II
El índice de publicaciones de AARO sigue listando únicamente el Volumen 1, de 2024.
Vamos a decirlo claro: el informe lo redactó un director que ya no estaba en la oficina cuando se publicó. Su sucesor en funciones lo presentó, pero atribuyó públicamente la autoría a su predecesor y mencionó que después vinieron unos cien días de edición técnica y revisión legal.
Christopher Mellon, exsubsecretario adjunto de Defensa para Inteligencia, formuló la pregunta incómoda en voz alta: ¿corrió Kirkpatrick para sacar el informe antes de marcharse, quizá para asegurarse de que su sucesor no pudiera revisar o revertir algunas de sus conclusiones? No tengo forma de responder a eso. Pero es una pregunta legítima y la formuló alguien que sabe cómo funciona esa casa por dentro.
Siete periodistas
Y aquí está el detalle que a mí me dice más que cualquier conclusión del informe.
Piénsalo un segundo. Un informe cuyo objeto declarado es demostrar que no hay opacidad se presenta con la técnica de comunicación que se usa para controlar una narrativa: copias anticipadas a cabeceras amables, sala pequeña, sin los periodistas que llevan años en el tema y que son los únicos capacitados para hacer la pregunta técnica incómoda.
Eso no significa que el contenido sea falso. Significa que el procedimiento contradice la tesis. Y cuando el procedimiento contradice la tesis, la gente deja de leer el contenido. Es exactamente lo que pasó.
Las ausencias
Lo mejor de un documento es lo que no está. Y aquí hay una lista notable.
- El USS Nimitz no aparece. Ni una vez. Ni «Tic Tac». El caso más famoso de la historia moderna del asunto, el que sostiene media conversación pública, no se menciona en el informe histórico.
- Los tres vídeos de la Navy tampoco. Ni FLIR, ni GIMBAL, ni GO FAST. El material que el propio Departamento de Defensa publicó oficialmente en 2020 no figura en su propia revisión histórica.
- Nombres anonimizados. El informe evita nombrar a varios actores centrales de la historia que cuenta, incluidos el contratista y el rancho que fueron el escenario del programa de la Agencia de Inteligencia de Defensa.
Se puede defender que un informe sobre programas gubernamentales no tiene por qué analizar incidentes individuales. Es un argumento razonable y hay que concedérselo. Pero entonces no lo llames revisión histórica del asunto, porque el ciudadano que lee ese título espera encontrar dentro lo que todo el mundo asocia con el tema. Y no está.
Las críticas, ordenadas por calidad
Porque no todas valen lo mismo, y mezclarlas es hacerle un favor al informe.
La buena: errores factuales concretos
El investigador Robert Powell publicó al día siguiente una revisión con hallazgos verificables. Y son de los que escuecen:
- El informe fecha el avistamiento de Kenneth Arnold, el caso fundacional de toda la ufología moderna, el 23 de junio de 1947. La fecha correcta es el 24.
- Llama Project BEAR a un programa cuyo nombre real era Project STORK. Lo delicioso del asunto: «BEAR» era un nombre falso que Edward Ruppelt puso deliberadamente en su libro de 1956. Es decir, la oficina oficial del Pentágono copió el seudónimo de un libro divulgativo de hace setenta años en lugar de ir al archivo.
- El propio informe contiene además una errata que ya es un clásico: sitúa a Harry Reid como senador por Nuevo México. Era de Nevada.
- Y la valoración general de Powell: hay una tendencia en el documento a seleccionar los datos que apoyan su posición y dejar fuera los que podrían discutirla.
La política: legítima pero no probatoria
Luis Elizondo lo calificó el mismo día de publicación como intencionadamente deshonesto, inexacto y peligrosamente engañoso. El congresista Tim Burchett lo resumió con la eficacia de quien ha hecho campaña: la gente que hace el encubrimiento dice que no encuentra encubrimiento. Profecía autocumplida, remató.
Es una buena frase. No es una prueba. Y conviene no confundirlas, aunque tenga toda la razón del mundo en señalar el problema estructural: una oficina del Departamento de Defensa auditando al Departamento de Defensa. Eso no invalida su trabajo, pero es exactamente el tipo de arreglo que ninguna auditoría financiera del mundo aceptaría.
La que se cae: lo de los testigos no entrevistados
Y aquí toca decir algo que no gustará en el otro bando, pero es lo que hay en el expediente.
No me gusta particularmente el resultado, pero el documento es el documento. En este punto concreto, el expediente favorece a AARO.
Lo que sí queda acreditado del lado crítico es que varios expertos externos de peso —Jacques Vallée entre ellos— no fueron consultados, según Mellon. Y que el director en funciones se negó a decir a quién habían entrevistado: como práctica, dijo, no revelamos quién vino a hablar con nosotros. Que es una respuesta legítima en inteligencia y absolutamente inservible en un ejercicio de transparencia histórica.
La más grave: bajo juramento
El 13 de noviembre de 2024, en una audiencia del Comité de Supervisión de la Cámara, el contralmirante retirado Tim Gallaudet —oceanógrafo, ex administrador en funciones de la NOAA— declaró que su reunión con AARO fue una operación de influencia de varias horas destinada a convencerle de la validez del informe histórico, que calificó de muy defectuoso y plagado de errores. Añadió que intentaron hacerle dudar del incidente del Tic Tac, llegando a plantearle que pudiera haber sido tecnología estadounidense.
Eso es una acusación seria hecha por un oficial de bandera bajo juramento ante el Congreso. No la doy por probada: es un testimonio, no un documento. Pero está en acta y no se puede ignorar.
Y el volumen II, ¿para cuándo?
Buena pregunta. El informe se llama Volumen I. Eso implica un Volumen II. Se anunció, se esperaba, y a día de hoy el índice de publicaciones de la propia oficina sigue listando una sola entrada bajo ese epígrafe.
2
según el propio título del informe
1
dos años y medio después
Un informe que se numera a sí mismo y luego no tiene continuación es, administrativamente hablando, una promesa incumplida por escrito. Y en esta casa las promesas incumplidas por escrito valen su peso en oro, porque son las únicas que se pueden reclamar.
Añade una última pieza, esta con guasa amarga: entre las afirmaciones del informe estaba la de que no existen acuerdos de confidencialidad específicos sobre este asunto. Un año después, el caso conocido como Yankee Blue, destapado por la prensa económica estadounidense, puso esa afirmación en entredicho.
Un informe que afirma que no hay nada escondido y que se presenta ante siete periodistas escogidos no tiene un problema de contenido. Tiene un problema de forma. Y en este oficio, la forma es el contenido.
Mi lectura, en idioma Astro
Creo que buena parte del contenido del informe es probablemente correcto. Creo que Roswell fue un globo, creo que muchos testigos vieron programas secretos reales y no supieron qué eran, y creo que no hay ninguna evidencia pública de ingeniería inversa de nada.
Y creo también que este informe estaba destinado a fracasar como instrumento de confianza por razones que no tienen nada que ver con si dice la verdad. Lo redactó un director que se iba. Lo presentó otro que no lo firmaba. Se enseñó primero a tres cabeceras y luego a siete invitados. Contiene errores comprobables en el caso fundacional de la disciplina. Omite el incidente más conocido del país. Y prometió un segundo volumen que no ha llegado.
Ninguna de esas cosas prueba que haya marcianos en un hangar. Todas juntas prueban otra cosa, más pequeña y más cierta: que el Estado sigue sin saber cómo se comunica una negación creíble. Y que mientras no aprenda, cada informe suyo alimentará exactamente lo que pretende desmontar.
Continúa por el documento en sí, por el informe de la ODNI de 2021 que abrió el camino, por la audiencia de julio de 2023 que lo provocó y por nuestro seguimiento de la NDAA 2026. Y si quieres ver el mismo patrón cincuenta y cinco años antes, ahí está el Informe Condon.
OSINT – Trazabilidad de fuentes
Se omiten deliberadamente varias afirmaciones muy repetidas que no se han podido verificar: que Karl Nell o Jay Stratton declararan no haber sido entrevistados, las declaraciones atribuidas a la congresista Anna Paulina Luna sobre el briefing posterior, y cualquier valoración atribuida al senador Marco Rubio. La revisión crítica de Robert Powell se consigna como opinión personal suya, que es como él mismo la presenta: no existe refutación institucional de la Scientific Coalition for UAP Studies. La carta de Christopher Mellon fue incorporada al registro del Congreso por la representante Nancy Mace.