Teherán 1976: dos F-4 iraníes, un objeto que no se dejaba alcanzar y un informe que la DIA repartió por medio Washington
La madrugada del 19 de septiembre de 1976, la Fuerza Aérea Imperial iraní mandó dos cazas contra algo que no supo identificar. El papel que salió de ahí acabó en la Casa Blanca, en la CIA, en la NSA y en el despacho de Kissinger.
En la madrugada del 19 de septiembre de 1976, tras avisos de civiles al aeropuerto de Mehrabad, la Fuerza Aérea Imperial iraní ordenó la interceptación de un objeto luminoso sobre Teherán. Dos F-4 Phantom II despegaron sucesivamente de la base de Shahrokhi, en Hamadán, y ambos informaron de pérdidas de instrumentación y comunicaciones correlacionadas con la aproximación al objeto. El segundo aparato, pilotado por el mayor Parviz Jafari, logró enganche de radar y describió un fallo del sistema de armas al preparar el disparo. Un oficial estadounidense presente en el interrogatorio redactó un informe que la DIA evaluó con su máxima calificación y que se distribuyó a la Casa Blanca, el Departamento de Estado, la Junta de Jefes de Estado Mayor, la NSA y la CIA.
Resumen ejecutivo del expediente. Todo lo esencial antes de profundizar.
Ficha tecnica
OSINT - Trazabilidad
Red de inteligencia
Hay casos que se sostienen sobre un testigo, casos que se sostienen sobre una foto y casos que se sostienen sobre nada, que son la mayoría. Y luego está Teherán, que se sostiene sobre algo mucho más aburrido y mucho más sólido: un documento de inteligencia militar estadounidense con lista de distribución.
La lista de distribución es, para mí, el detalle central de todo el expediente. Un papel puede ser falso. Un papel que fue enviado a la Casa Blanca, al secretario de Estado, a la Junta de Jefes de Estado Mayor, a la NSA y a la CIA en 1976 es otra cosa. Significa que un funcionario decidió que aquello merecía llegar hasta arriba. Y en el mundo de la inteligencia, lo que se sube por la cadena es lo que alguien no quiere que le reprochen no haber subido.
Lo verificable, primero
- Existe el informe. Un teniente coronel estadounidense, Olin R. Mooy, destinado en el grupo de asistencia y asesoramiento militar de Estados Unidos en Irán, asistió a la sesión de interrogatorio de la tripulación iraní y redactó un mensaje resumiendo lo que oyó. Ese mensaje se distribuyó a las principales agencias del Gobierno estadounidense.
- Existe la evaluación. En octubre de 1976, un oficial de la Defense Intelligence Agency valoró el informe con la puntuación más alta de su escala interna y lo describió, en la práctica, como un caso clásico que reúne todos los criterios necesarios para un estudio serio del fenómeno. Un organismo de inteligencia militar escribiendo eso en un formulario oficial es una rareza estadística.
- Existieron los vuelos. Dos F-4 Phantom II de la Fuerza Aérea Imperial iraní despegaron esa madrugada de la base de Shahrokhi, en Hamadán. Con su combustible, su parte y su cadena de mando.
- Existen los testigos militares, identificados por nombre y rango, y accesibles durante décadas. El mayor Parviz Jafari, que después llegó a general, repitió su relato públicamente en varias ocasiones, incluida una comparecencia ante prensa internacional en Washington en 2007.
Eso es mucho más de lo que tiene el noventa y nueve por ciento del catálogo mundial. Ahora vamos al contenido, que es donde empieza la discusión.
Lo que se cuenta que ocurrió
Teherán, madrugada del 19 de septiembre de 1976. El Irán del sah está en su momento de máxima riqueza y máxima paranoia: petrodólares, compras masivas de armamento estadounidense, la SAVAK vigilando a todo el mundo y una frontera norte con la Unión Soviética que nadie pierde de vista ni un segundo.
Empieza como empiezan todos: llamadas de vecinos. Varios civiles del barrio de Shemirán telefonean al aeropuerto de Mehrabad para informar de un objeto luminoso sobre la ciudad. El controlador de servicio, Hossein Pirouzi, sale a mirar. Ve algo. Y esto es lo que separa esta noche de las otras trescientas sesenta y cuatro: alguien con autoridad decide escalar.
El general Yousefi, de la Fuerza Aérea Imperial, autoriza la interceptación. Hacia la una y media de la madrugada despega el primer Phantom desde Shahrokhi, en Hamadán. Según el informe, al aproximarse a unas 25 millas náuticas del objeto, el aparato empieza a perder instrumentación y comunicaciones. El piloto abandona la aproximación. Al alejarse, todo vuelve a funcionar.
Diez minutos después despega el segundo, con el mayor Parviz Jafari a los mandos y el teniente Jalal Damirian como oficial de sistemas de armas. Jafari consigue lo que su compañero no: enganche de radar a unas 27 millas náuticas, sobre un retorno cuyo tamaño en pantalla comparó con el de un Boeing 707. El objeto mantiene la distancia con una obstinación desesperante: acelera cuando él acelera.
Y entonces llega la parte que ha hecho famoso el caso. Según el relato recogido en el informe, Jafari se dispone a disparar un misil AIM-9 y el sistema de armas deja de responder, junto con parte de las comunicaciones. Maniobra para alejarse y todo se recupera.
Un piloto de caza al que se le cae el sistema de armas justo cuando va a apretar el gatillo tiene dos opciones: contarlo o no contarlo. Contarlo implica un informe, una revisión de mantenimiento y preguntas incómodas. Lo contó.
Llamadas de vecinos de Shemirán
Varios civiles avisan al aeropuerto de Mehrabad de un objeto luminoso sobre el norte de Teherán. El controlador de servicio sale a comprobarlo.
Se autoriza la interceptación
El general Yousefi, de la Fuerza Aérea Imperial iraní, ordena el despegue desde la base de Shahrokhi, en Hamadán.
Despega el primer F-4
Pilotado por el teniente Yaddi Nazeri. Al aproximarse a unas 25 millas náuticas pierde instrumentación y comunicaciones. Aborta y todo se restablece.
Despega el segundo F-4
El mayor Parviz Jafari, con el teniente Jalal Damirian, logra enganche de radar a unas 27 millas náuticas sobre un retorno de tamaño comparable al de un Boeing 707.
Fallo del sistema de armas
Según el informe, al preparar el lanzamiento de un AIM-9 el sistema deja de responder. Jafari maniobra para alejarse y la avería remite.
Descenso y presunto aterrizaje
La tripulación desciende de 25.000 a 15.000 pies para marcar el punto donde creen que el objeto ha tomado tierra.
Aterrizaje y sesión de interrogatorio
Las tripulaciones son interrogadas. Asiste el teniente coronel estadounidense Olin R. Mooy, del grupo de asesoramiento militar.
El mensaje sale hacia Washington
El resumen de Mooy se distribuye a la Casa Blanca, al Departamento de Estado, a la Junta de Jefes de Estado Mayor, a la NSA y a la CIA.
Evaluación de la DIA
Un oficial de la Defense Intelligence Agency califica el informe con la máxima puntuación de fiabilidad y valor y lo describe como un caso clásico apto para el estudio del fenómeno.
Jafari comparece en Washington
Ya con grado de general retirado, participa en una rueda de prensa internacional sobre casos militares de UAP celebrada en el National Press Club.
El papel, que es lo que importa
Conviene entender qué tipo de documento es el informe de Teherán, porque se ha vendido muchas veces como «un informe de la DIA sobre un OVNI» y eso es impreciso.
Lo que hay es un informe de inteligencia de campo: un oficial estadounidense presente en un país aliado escucha lo que cuenta el personal local y lo transmite. No es una investigación estadounidense. Nadie de la DIA fue a Irán a medir nada. La agencia recibió el relato, lo consideró bien construido y lo evaluó como material de primera categoría. Eso es todo, y es mucho.
Valoración del episodio del 19 de septiembre de 1976
Documento · Evaluación del informe sobre el incidente de Teherán, octubre de 1976
El Irán de 1976, que no era un país cualquiera
Para entender por qué este expediente existe hay que entender dónde ocurrió. El Irán de Mohamed Reza Pahleví era, en 1976, el mayor cliente de armamento estadounidense del planeta. El sah había convertido los ingresos del petróleo en una fuerza aérea de escaparate: cazas F-4 Phantom II, F-5, y en camino los F-14 Tomcat, que Estados Unidos no le había vendido a nadie más.
Eso significaba dos cosas. Primera: había centenares de asesores militares estadounidenses en el país, integrados en las unidades, sentados en las salas de reuniones, tomando notas. La presencia del teniente coronel Mooy en un interrogatorio de tripulaciones iraníes no era una anomalía, era la rutina.
Segunda, y más importante: Irán compartía una frontera larguísima con la Unión Soviética. Un objeto no identificado sobre Teherán en 1976 no se leía como una curiosidad, se leía como una posible incursión de reconocimiento soviética. Por eso se autorizó el despegue en mitad de la noche, por eso se armaron los aparatos y por eso el asunto subió tan deprisa por la cadena estadounidense. Nadie estaba cazando marcianos: estaban comprobando si los rusos habían metido algo por el norte.
Y todavía hay un tercer factor, más humano y menos citado: el miedo al ridículo no existía. En una fuerza aérea imperial, con la disciplina de una monarquía absoluta y un asesor extranjero en la sala, un piloto que declarara una avería en el momento de disparar tenía muchos incentivos para callarse y ninguno para inventar. Ese es, para mí, el argumento más fuerte a favor de la sinceridad del relato.
Los efectos electromagnéticos, esa categoría resbaladiza
El elemento que ha hecho célebre a Teherán no es la luz: es la avería correlacionada. En la jerga del oficio se le llama caso EM, por electromagnético, y forma una familia entera dentro del catálogo mundial: coches que se paran, radios que enmudecen, brújulas que giran.
Conviene tratar esta categoría con pinzas, porque tiene un problema de fondo: el fallo se atribuye al objeto porque el objeto estaba delante. Es una inferencia, no una medición. Si el mismo aparato hubiera perdido la instrumentación esa noche volando hacia un banco de nubes, el parte diría «avería eléctrica» y aquí no estaríamos.
Dicho lo cual, Teherán aporta algo que la mayoría de los casos EM no tiene: repetición y reversibilidad. Dos aeronaves distintas, la misma noche, con el mismo patrón (falla al acercarse, se recupera al alejarse). Eso no demuestra causalidad. Pero es exactamente el tipo de estructura que, en cualquier otra disciplina, haría que un investigador quisiera repetir el experimento.
Y no se puede repetir, claro. Los F-4 llevan medio siglo desguazados, la fuerza aérea que los operaba dejó de existir con ese nombre en 1979, y los libros de mantenimiento de aquellos aparatos no los va a sacar nadie de ningún archivo de Teherán. Es lo más frustrante del expediente: tenemos el informe perfecto sobre unos datos que ya no existen.
Lo que puede ser (sin necesidad de marcianos)
La crítica más trabajada al caso es antigua y viene del periodista aeronáutico Philip J. Klass, el escéptico profesional del género durante cuatro décadas, con el apoyo posterior del divulgador espacial James Oberg. Su reconstrucción es esta:
- El estímulo inicial fue Júpiter. En aquellas fechas el planeta estaba muy brillante y bajo en el cielo desde Teherán. Es el candidato clásico y explica bien las llamadas de los vecinos y el objeto «que no se acercaba nunca».
- Los fallos eran fallos. Klass documentó que el primer F-4 tenía un historial de problemas eléctricos y había pasado por mantenimiento poco antes. En un aparato de la época, con aviónica de válvulas y transistores conviviendo mal, una avería intermitente no es una anomalía cósmica: es un martes.
- El radar en modo manual. Un enganche sobre un retorno espurio, en modo de seguimiento manual y de noche, puede confundir a una tripulación tensa. Sobre todo si el operador espera encontrar algo.
- Meteoros. La fecha coincide con actividad de varias corrientes meteóricas menores. Los «objetos que se desprenden» del principal encajan razonablemente.
- Falta de experiencia. Las tripulaciones iraníes de 1976 llevaban muy poco tiempo con el F-4 y con su radar. Es un factor real y frecuentemente omitido por los partidarios del caso.
¿Cierra esto el asunto? No del todo, y por dos motivos. Primero: Júpiter explica un punto luminoso inalcanzable, pero explica bastante peor que dos aviones distintos sufrieran fallos correlacionados con la distancia al objeto y se recuperaran al alejarse. Segundo: la explicación de la avería eléctrica exige que dos aparatos distintos fallaran la misma noche, cada uno en el momento dramáticamente oportuno. Es posible. También es una casualidad de las que a uno le hacen levantar una ceja.
El contraargumento honesto al contraargumento: no tenemos los registros técnicos. No hay libros de mantenimiento, no hay cintas de radar, no hay grabaciones de la frecuencia. Lo único que hay es lo que unos hombres contaron horas después en una sala, transcrito por un tercero que no hablaba persa como primera lengua y que estaba tomando notas. Toda la discusión de cincuenta años se apoya en eso.
Por qué este caso no se muere
Porque es el ejemplo perfecto de una cosa que este sitio repite mucho: el valor de un caso no está en lo que se vio, está en lo que se escribió. Teherán tiene testigos militares identificables, tiene un informe de agencia y tiene una lista de distribución que llega a la cúspide del Estado más poderoso del planeta. Es OSINT en estado puro: no hace falta creer a nadie, basta con leer el papeleo y ver por dónde circuló.
Y porque tiene un final histórico raro. Tres años después de aquella noche, el régimen del sah cayó. La Fuerza Aérea Imperial dejó de existir como tal, sus archivos se dispersaron o se destruyeron, muchos oficiales se exiliaron y otros fueron depurados. El país que generó el caso desapareció. Lo único que sobrevivió intacto fue la copia que un teniente coronel estadounidense mandó por teletipo a Washington.
Ironía de archivista: el documento que hoy sostiene el mejor caso militar del siglo XX existe porque un aliado estaba tomando notas de lo que hacía el otro. Los aliados siempre están tomando notas.
5 niveles
Casa Blanca, Estado, JCS, NSA, CIA
27 NM
según el relato de la tripulación
Seguir tirando del hilo
- El informe de la DIA sobre el caso de Teherán, ficha del documento.
- Manises 1979: el equivalente español, tres años después.
- La oleada belga: cuando los cazas de la OTAN vuelven a salir de noche.
- Rendlesham Forest: el otro caso sostenido por un papel firmado.
OSINT – Trazabilidad de fuentes
El documento es de verificación alta. El contenido observacional es testimonial y no está respaldado por ningún registro instrumental conservado. Se han omitido de forma deliberada los números de referencia del informe por no haber podido contrastarlos en fuente primaria. Añadido en pasada de contraste: el informe se abrió al público el 31 de agosto de 1977 mediante solicitud al amparo de la ley de libertad de información, y su hoja de evaluación adjunta califica la información como confirmada por otras fuentes y su relevancia como alta. El detalle figura en la ficha del documento. Los números de referencia interna del informe siguen omitidos por no haberse podido contrastar en fuente primaria.