De todos los personajes de esta historia, Josef Allen Hynek es el único que hizo el recorrido completo: entró como escéptico contratado, pasó veinte años firmando explicaciones convencionales y salió por la puerta grande convertido en el mayor problema de la institución que lo pagaba.
Es también el hombre que pronunció la frase más desafortunada de la historia de la ufología. Y de esa frase, por caminos que no imaginó, salió el Informe Condon.
El fichaje
Nacido en Chicago en 1910, Hynek era astrónomo y dirigía el observatorio McMillin de la Universidad Estatal de Ohio cuando, en 1948, con treinta y siete años, la Fuerza Aérea lo reclutó como consultor astronómico del recién creado Project Sign. Su tarea era sencilla y aparentemente ingrata: mirar los informes de avistamientos y decir cuáles eran estrellas, planetas, meteoros o efectos atmosféricos.
Su actitud inicial no admite matices. Por aquel entonces dejó dicho que todo el asunto le parecía absolutamente ridículo.
Se quedó veintiún años. Fue asesor científico de los tres programas consecutivos: Sign, Grudge y Blue Book. Lo cual significa que fue la única persona que vio pasar los 12.618 avistamientos registrados y los 701 que quedaron sin identificar. Nadie tuvo esa perspectiva. Nadie más leyó todos los expedientes.
Marzo de 1966: la frase
Las noches del 20 y el 21 de marzo de 1966 hubo avistamientos en dos puntos de Michigan separados por unos ochenta kilómetros: una zona pantanosa cerca de Dexter y el arboreto del Hillsdale College, este último con unas ochenta y siete estudiantes y un decano entre los testigos.
Hynek llegó el 23. El 25 de marzo compareció ante la prensa en el Detroit Press Club y propuso la combustión de materia orgánica en descomposición —el famoso gas de los pantanos— como explicación posible para esos dos casos.
Y aquí está la injusticia histórica, porque él lo hizo bien: insistió repetidamente, en esa misma rueda de prensa, en que la explicación valía para aquellos dos casos y no para el conjunto de los informes ovni. La prensa se quedó con dos palabras. El país entero se rio durante un año.
Tres días después, el 28 de marzo, un congresista de Michigan escribió a los presidentes de dos comités de la Cámara pidiendo audiencias y calificando la explicación de frívola. Se llamaba Gerald R. Ford. Ocho años más tarde sería presidente de los Estados Unidos.
Dijo una cosa razonable con un matiz importante. El matiz no cabía en el titular. Nunca cabe.
El giro
Ese mismo año, 1966, Hynek envió una carta a la revista Science argumentando que el asunto merecía investigación científica seria. En 1968, en otra carta, fue mucho más lejos y acusó a Blue Book de tres cosas concretas: carecer de personal cualificado, no mantener prácticamente ningún diálogo con la comunidad científica, y emplear métodos estadísticos que calificó de auténtica parodia.
Eso lo escribió estando todavía en nómina como asesor del programa. Merece la pena subrayarlo, porque es raro: no dimitió dando un portazo para vender un libro. Se quedó dentro y lo dijo por escrito.
El 29 de julio de 1968 testificó, junto a James E. McDonald, Carl Sagan y otros tres científicos, en el simposio sobre ovnis del Comité de Ciencia y Astronáutica de la Cámara de Representantes, en la sala 2318 del edificio Rayburn. El Informe Condon todavía se estaba redactando.
Cuando ese informe se publicó, Hynek fue de los que señalaron su contradicción interna: sostuvo que el comité no había conseguido dar explicación adecuada a más de una cuarta parte de los casos que examinó, mientras su introducción concluía que no había nada que estudiar.
La escala, que es su legado real
En 1972 publicó The UFO Experience: A Scientific Inquiry. Y ahí hizo la única cosa que de verdad ha durado: clasificar.
- Luces nocturnas, discos diurnos y casos radar-visual, para las observaciones a distancia.
- Encuentro cercano del primer tipo: observación a corta distancia sin efecto físico.
- Encuentro cercano del segundo tipo: con evidencia física, como quemaduras, marcas en el terreno o interferencias eléctricas.
- Encuentro cercano del tercer tipo: con ocupantes visibles.
Puede parecer una tontería taxonómica. No lo es. Antes de Hynek, todos los informes eran «un ovni». Después de Hynek, un investigador podía separar categorías, comparar, buscar patrones y, sobre todo, decidir qué casos merecían recursos. Es exactamente lo que hace un archivero, y por eso me cae simpático.
En 1973 fundó el Center for UFO Studies, en Evanston, Illinois, y lo dirigió científicamente hasta su muerte en 1986. En 1977 fue asesor técnico de Encuentros en la tercera fase de Spielberg —el título viene directamente de su escala— y aparece en un cameo. Es probablemente el único caso en la historia en el que una taxonomía académica da nombre a un taquillazo.
Y lo que hay que decirle en contra
Que pasó veinte años firmando explicaciones que después consideró insuficientes. Que su reconversión coincidió, cronológicamente, con el momento en que el asunto empezó a tener mercado editorial. Y que su escala, con lo útil que es, empujó al campo hacia la clasificación de relatos en vez de hacia la obtención de datos, que es la enfermedad crónica de esta disciplina.
Dicho lo cual, y con todo: fue el único científico que estuvo dentro de la máquina desde el primer día hasta el último y contó por escrito lo que vio. Los demás opinaban desde fuera. Él leyó los 12.618 expedientes. Eso, en esta casa, vale mucho.